Había en el fondo del mar una perla y una vieja trompeta. Las sutiles capas del agua sonreían con delicadeza al pasar junto a ellas; las llamaban las dos amigas.

Había un niñito ahogado junto a un árbol de coral. Los brazos descoloridos y las ramas luminosas se enlazaban estrechamente; los llamaban los dos amantes.

Había un fragmento de rueda venido desde muy lejos y un pájaro disecado, que asombraba, como elegante extranjero, a los atónitos peces; les llamaban los nómadas.

Había una cola de sirena con reflejos venenosos y un muslo de adolescente, distantes la una del otro; les llamaban los enemigos.

Había una estrella, una liga de hombre, un libro deteriorado y un violín diminuto; había otras sorprendentes maravillas, y cuando el agua pasaba, rozándolas suavemente, parecía como si quisiera invitarlas a que la siguieran en cortejo centelleante.

Pero ninguna era comparable a una mano de yeso cortada. Era tan bella que decidí robarla. Desde entonces llena mis noches y mis días; me acaricia y me ama. La llamo la verdad de amor.

Luis Cernuda.


«Había en el fondo del mar»

«Habia en el Fondo del mar» El título del proyecto hace referencia al poema homónimo que escribió Luis Cernuda
(Sevilla, 21 de septiembre de 1902-Ciudad de México, 5 de noviembre de
1963) en 1931 1

Comienza como un proyecto personal que posteriormente ha tenido un recorrido tanto privado como institucional. Surge a partir de un acontecimiento familiar y de una exploración inmersíva en una fábrica de cerámica abandonada, donde permanecían moldes de escayola utilizados para fabricar muñecas y otros objetos domésticos que alguna vez tuvieron otra vida.

Un pecio es el vestigio de un naufragio que descansa en el lecho marino. Fragmentos de su casco, su cargamento y objetos de su travesía yacen sumergidos, llenos de historia y misterio. A pesar de su destrucción, un pecio es bello en su imperfección. Sus piezas, erosionadas por el tiempo y el entorno, revelan tanto lo que fue como lo que aún permanece. Al integrarse en el paisaje marino, estos restos adquieren nuevos significados, transformándose en una realidad distinta. Un pecio es un tesoro, no solo por lo que alguna vez transportó, sino por lo que representa en su estado actual: una belleza nacida de la ruina, que encierra secretos y nueva vida.

Este pecio está construido con piezas recuperadas de las calles, de las cuales se hicieron nuevos moldes, y con moldes rescatados de una fábrica abandonada de muñecas de porcelana, así como piezas moldeadas por la artista, cables y cuerdas. La combinación de estos elementos, cada uno con su propia historia, simboliza la creación de una nueva realidad a partir de fragmentos del pasado, recuperando y transformando lo que estaba roto en algo completamente nuevo.

Esta pieza es tanto una narrativa como una metáfora de mi familia que, como un barco en alta mar, ha enfrentado tormentas y naufragios que fracturaron su estructura. La muerte, la separación y los conflictos profundos convierten lo que parecía inquebrantable en un conjunto de partes dispersas. Sin embargo, como un pecio, una familia se convierte en un tesoro a pesar de sus imperfecciones. Sus heridas cuentan una historia única, tan valiosa como los restos que descansan en el fondo del mar.

La belleza de la imperfección no radica en lo que se ha perdido, sino en lo que permanece y se añade. Como los pecios que se funden con su entorno, las heridas del trauma familiar se entrelazan con la vida cotidiana, transformándose en una nueva realidad: una historia marcada por el dolor, pero también por la supervivencia y la posibilidad del renacimiento.

Esta exposición es un homenaje a ese proceso de erosión y cambio, donde los restos no son pérdidas, sino tesoros. La belleza de lo fragmentado tras el naufragio adquiere una nueva forma. Lo que queda, aunque roto, es un tesoro precioso. Cada cicatriz, cada grieta y cada huella de dolor es parte del nuevo mapa familiar, un recordatorio de que incluso tras la tormenta más devastadora, algo bello puede surgir de los escombros. Una familia, como un pecio, en su imperfección, en su historia y en su fragilidad, es un tesoro invaluable.